Las cooperativas reducen a la mitad la deuda de los ‘corralitos’

Las cooperativas reducen a la mitad la deuda de los ‘corralitos’

Ya se ha pagado el 60% de los 40 millones, sólo falta devolver 14 más

El proceso de devolución de los aproximadamente 40 millones de euros atrapados en los tres corralitos que afectan a casi 7.000 impositores de las secciones de crédito de las cooperativas de L’Aldea, Cambrils y La Canonja, aunque con más lentitud de la que les gustaría a los interesados, avanza por buen camino.

Las hojas de ruta emprendidas permitirán dejar esa deuda en la mitad a corto plazo. Las mejores noticias llegan para los casi 5.000 afectados de Cambrils, que recibirán un segundo pago de casi 2,1 millones de euros que deja la deuda en algo más de 14 millones de los 32,5 congelados inicialmente.

Todos los casos significativos de quiebra en las cooperativas catalanas se han dado en Tarragona. Estadísticamente tiene cierto sentido puesto que el 50% de las 214 que funcionan en Cataluña se concentran en esta provincia. El porcentaje es todavía más elevado respecto a las 71 cooperativas con sección de crédito: 46 de ellas están en Tarragona (60,5%), por las 26 de Lleida y las dos de Barcelona.

Lluís Roig, presidente de la Associació de Seccions de Crèdit (ASC), entiende que, como se comprueba en el caso de Cambrils, el sector está trabajando con seriedad «en un proceso de reestructuración para crear entidades sólidas y fiables, capaces de generar confianza, que conlleva la vuelta a los orígenes de una actividad agrícola y ganadera saneada».

A su juicio, desde una perspectiva general, los problemas acaecidos en Tarragona «no los quiere nadie, pero pueden ocurrir como también les ha pasado a las entidades financieras; lo importante es que se van enderezando del modo menos traumático posible, con rigor y con más herramientas de soporte y control».

Por lo que respecta a Cambrils, el repunte en los precios de la producción agrícola y el excelente rendimiento comercial de las agrobotigas, que han duplicado la recaudación y confirman la recuperación del prestigio perdido, permiten a los gestores de la cooperativa albergar esperanzas de acabar a medio plazo con esta pesadilla. «Vamos en la buena línea», considera el presidente, Jaume Baiges, si bien no oculta la dificultad de cobrar los 11 millones de impagos a pequeños deudores.

Las perspectivas también son halagüeñas en el caso de la cooperativa de La Canonja, cuyas tensiones financieras explotaron a principios de marzo. El agujero no es comparable al generado en Cambrils; en su caso, la reciente decisión de vender maquinaria agrícola en propiedad -unos 250.000 euros y patrimonio inmobiliario-, por la que el Ayuntamiento pagará otros 1,25 millones de euros, ha resultado clave para sanear las cuentas. De lograrse el traspaso de créditos que se negocia con BBVA y Banco Popular, más del 80% de la deuda quedaría saldada.

Por lo que respecta a la primera bancarrota de hace ya más de cinco años en L’Aldea, el excelente comportamiento de la cooperativa en 2016, con retorno a los beneficios tras lograr el levantamiento del concurso de acreedores, se ve lastrado por la losa de 4,5 millones de euros pendientes de devolver a más de un millar de afectados. El presidente, Miquel Carles, insiste en que «somos competitivos, el negocio es viable y hay ilusión por remontar».

A la espera de las millonarias indemnizaciones que podrían sepultar el negocio, los cooperativistas tratan de ir saldando la deuda mediante la venta de los activos menos rentables, principalmente fincas y almacenes, mientras se peina el mercado en busca de un inversor potente o un socio capitalista que aporte un balón de oxígeno a la caja y poder ampliar la producción.

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